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Yalet: un disparo apagado

yaletvecinos

La Plata - Domingo 27 de septiembre

Comunicado de prensa
Realizarán la reconstrucción del hecho                         

                        

Las circunstancias -por momentos insólitas- de la escena que rodeó la muerte de Juan Martín Yalet intentarán ser demostradas en su verosimilitud, posibilidad y exactitud a partir de la reconstrucción del hecho dispuesta por la Fiscalía que entiende en la causa. Ésta tendrá lugar el lunes desde las 8 de la mañana y de ella participarán el área de Criminalística y Estudios Forenses de la Gendarmería Nacional Argentina y un grupo de médicos legistas, balísticos y peritos en levantamientos de rastros que hasta ahora han participado de la investigación. Salvo escasos aportes de civiles que no arrojan datos sobre el momento específico de la muerte de Yalet, la reconstrucción estará basada en el relato cada vez más uniformado y corporativo de los numerosos efectivos policiales que estuvieron presentes en el hecho y que gozan de libertad. La maquinaria con que se construye el código de silencio, el espíritu de cuerpo policial y la obediencia debida, el momento y coyuntura política de recambio de poderes, la consecución necesaria de “errores”, “ineficacia”, “impericia”, causalidades, casualidades y falsificación de pruebas recuerda e inscribe la muerte de Yalet en la serie de eventos policiales como los conocidos casos de “Ramallo”, “Candela” y muchos otros que habitualmente las extendidas estructuras corruptas de la policía bonaerense suelen ofrecer para la renegociación de los términos de su impunidad y autonomía política. A diferencia de esos casos resonantes y en una clara contradicción con sus obligaciones, el Estado provincial -a través de su Asesoría Letrada del Ministerio de Seguridad- ha dispuesto un batallón de abogados defensores de los policías muy gravemente imputados en la causa.

El relato

La mañana del 26 de septiembre último Juan Martín Yalet fue aprehendido por personal policial en las inmediaciones de una casa a la que había ingresado para cometer un delito contra la propiedad. Fue esposado e introducido en un móvil del Comando de Patrullas Comunal. Minutos más tarde, un disparo de pistola 9mm. sonó tan apagado que nadie, ni los numerosos policías que sólo a metros se apostaban conformando un biombo ni los “avezados” mandos de la comisaría 9na. y del Distrito Centro pudieron distinguirlo del ruido de un camión que según las declaraciones aceleraba y atravesaba una calle bloqueada por móviles policiales. Tampoco pudieron escuchar el disparo los policías del CPC que condujeron el móvil y que transportaron a Yalet. Nadie pudo distinguir o escuchar el sonido de un arma a cuyo calibre, por formación y entrenamiento, necesariamente deben estar habituados los policías bonaerenses.

La paradoja filosófica del ruido de un árbol que cae en un bosque solitario parece resolverse aquí: a pesar del relato corporativo y uniformado del enorme conjunto de policías presentes que sostienen no haber escuchado ni visto nada, a pesar de la “cualidad insonora” del disparo, éste existió y atravesó el cráneo de Yalet provocándole la muerte. La escena previa, también según las declaraciones policiales, posibilitó que después de una “trunca” requisa y cacheo Martín Yalet ascendiera supuestamente con un arma en su espalda y que éste -esposado con las manos hacia atrás-, en vez de herir e intentar darse a la fuga en el camino, se “autolesionara” a partir de una proeza física de eximio contorsionista, un temple suicida y una puntería que no decidió poner en práctica cuando se vio cercado.

La unicidad del relato con que hasta ahora trabaja la Fiscal Betina Lacki impone necesariamente salir en búsqueda de la declaración de testigos civiles y vecinos que presenciaron las circunstancias brumosas de la muerte de Yalet y que aparecen en fotografías. Sin ellos, poco más que una revisión técnica in situ de las pericias hasta ahora realizadas será posible con la reconstrucción del hecho. En este sentido, también resulta necesario comenzar a recolectar la totalidad de imágenes de la comuna y de los medios de comunicación presentes al momento de la aprehensión de Yalet. Estas declaraciones y registros fílmicos, sumadas al avance de pericias que aún restan resolverse, podrán comenzar a echar luz sobre esta sofisticada maquinaria que propicia la impunidad. La clase política y el Estado provincial en tanto no pueden ni deben soslayar las razones políticas que rodean el caso y menos aún poner a disposición la defensa de imputados policiales que por lo pronto, sin demasiados avances en la causa, han mostrado su participación en la falsificación ideológica de documentación pública y en el armado de pruebas falsas y un grado inusitado de impericia. Es necesario poner de relieve y desarmar de una vez por todas las formas de coerción con que determinadas estructuras de la Fuerza policial generan instancias de negociación con la política para ganar su impunidad y un cada vez mayor grado de autonomía. Como siempre repetimos desde el CIAJ: no hay maldita policía sin una clase política cómplice, no hay violencia policial sin código de silencio ni obediencia debida.