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Mariana Condori: un fallo que invisibiliza el contexto de violencia de género

fallo

La Plata - Viernes 17 de junio

El jueves 16 de junio el juez del Juzgado Correccional nro. 5 de La Plata, Dr.Tatarsky, dictó la sentencia que pone fin al debate oral en la causa donde se juzgaron los delitos cometidos en un contexto de violencia de género contra Mariana Condori, y que se corresponden a los únicos hechos que ella llegó a denunciar antes de su muerte. Tatarsky debía decidir y fundar su resolución en relación a una serie de hechos que llegaron a la instancia de juicio oral a 4 años y 3 meses de la muerte de Mariana Condori. Cabe recordar que el 14 de marzo de 2012 la joven se quitó la vida en un contexto signado por la violencia de género que ejercía sobre ella su pareja, Gabriel Maldonado. Sin embargo, el fallo invisibiliza ese contexto y justifica los hechos de violencia al sostener que ocurrieron en un marco de responsabilidad compartida entre Mariana y su agresor, en una relación “obsesiva”, “pasional” y de “celos”.

Maldonado llegó al juicio imputado por cuatro situaciones delictivas. La primera que tuvo que ver con la denuncia realizada por Mariana Condori el día 6 de marzo de 2012 (una semana antes de su muerte), en la cual relata que cerca del mediodía de ese mismo día fue agredida por Maldonado en su casa de Villa Elvira, luego obligada a subir a una moto donde fue golpeada y amenazada con un arma durante el tiempo que duró el viaje hasta la casa de la madre de Mariana, en Los Hornos. Todo ello calificado como lesiones y privación ilegítima de la libertad. Otro de los hechos juzgados ocurrió tiempo antes de esa denuncia cuando, por medio de un golpe, Maldonado le había luxado la mandíbula a Mariana. Esa lesión que no curaba dado que cada vez que la golpeaba, la mandíbula se le salía de lugar, provocándole una deformación en el rostro, hecho calificado como lesiones graves. También fue acusado por el delito de amenazas y de daños.

El fallo

La sentencia de este debate resultaba la oportunidad por parte del Juez -como último eslabón de una cadena de operadorxs judiciales que intervinieron a lo largo de toda la causa- para señalar las deficiencias de una larga investigación, impulsada por la familia de la víctima y el CIAJ, sin apoyo de la Fiscalía. Sin embargo, el juez solo se limitó a señalar que si bien es cierto que el Estado tiene la obligación de dilucidar casos de violencia de género, esa responsabilidad no puede ir en detrimento de las garantías del imputado al debido proceso y que, por eso, debía ser riguroso en el análisis de la prueba reunida en la causa. Ésta fue la única mención que se hizo en la sentencia en relación a cuál era contexto en el que sucedieron los hechos.

En la sentencia se alude a que la pareja mantenía “un vínculo marcado por las desavenencias. Celos, discusiones en las que se arrojaban cosas, idas, venidas y como se comprueba, agresiones por parte de Maldonado”. A través de esta frase que reproduce en parte el discurso de la defensa del imputado, se descomplejiza la violencia de género. Se presenta un vínculo de pareja como “anormal”, como un vínculo “que se ha salido de cauce” -según textuales palabras del defensor de Maldonado en sus alegatos-, y que se había naturalizado. Entre Mariana y su agresor habría, según el magistrado, un vínculo pasional, enfermizo, obsesivo. Así, desconoce e invisibiliza las relaciones de dominio estructural que existían entre ambas personas. Y a través de esta sencilla operación, lo que se practica además es un corrimiento del Estado de su responsabilidad en la cuestión.

Desdes el CIAJ entendemos, como hemos sostenido a lo largo del debate que duró tres días pero también a largo de estos 4 años de lucha, que existe una relación de poder y de desigualdad sistemática y estructural entre hombres y mujeres. Que por ello no estamos frente a un problema -privado y de responsabilidades individuales- de una pareja “que se ha ido de cauce”, sino que estamos frente a un problema de Estado que debe generar políticas para modificar esas desigualdades. Y que, si esas desigualdades generan violencias, éste tiene la responsabilidad de investigar y sancionar en tanto violaciones a los derechos humanos de las mujeres.

La sentencia condena a Maldonado a 3 años de prisión por dos de los 4 hechos por los que estaba acusado en este juicio, sin considerar como agravante el contexto de violencia de género, solicitado por el CIAJ. Fue condenado así con la pena mínima de la escala penal, por lesiones y privación ilegítima de la libertad en concurso ideal y lesiones leves -dado que la lesión en el maxilar finalmente se consideró que era menor. Por los otros dos delitos (amenazas y daños) fue absuelto, por considerarse que no fueron probados en el debate. Sin embargo, nada se dice sobre las deficiencias de la investigación arrastradas desde el inicio mismo en que la víctima realizó la denuncia, a fin de marcar el incumplimiento del Estado en su obligación de reunir prueba suficiente. Siendo que, además, estaba sobradamente probado el contexto en el que vivía Mariana. Si no hubo prueba es porque quien investigó lo hizo de manera deficiente.

La familia de Mariana quedó sumamente conmovida luego de la lectura de la parte resolutiva de la sentencia, debido a que se computó la condena de Maldonado, quien ya venía cumpliendo pena privativa de libertad por otros delitos. La pena final unificada terminó siendo la de 10 años de prisión, dado que se sumaron los 3 años que se dictaron en este juicio con la condena que ya poseía por el robo de un celular y el daño provocado a un patrullero: ambos delitos contra la propiedad. Es decir que aquellos delitos por los cuales ya había sido condenado (delitos contra la propiedad) fueron más significativos para el Poder Judicial en términos de condena -7 años- que lesionar a una mujer, privarla de su libertad y de su autonomía.

Con todo esto entendemos que este fallo nada dice sobre el contexto de violencia de género sobre el que tanto dieron cuenta la familia de Mariana y las abogadas del CIAJ durante estos más de cuatro años de batalla judicial. Desde el Colectivo seguiremos insistiendo en las responsabilidades y los incumplimientos del Estado (especialmente del Poder Judicial), en torno a las prevenciones, sanciones y erradicaciones de las violencias de género. Por ello, volvemos a decir que porque “el Estado no estuvo, hoy Mariana no está”.

No sólo eso. Durante todo el debate de las audiencias públicas el defensor de Maldonado se encargó de culpabilizar a Mariana por el entorno de violencia de género en la que ésta vivió durante los últimos años de su vida, y al cual regresaba, refiriendo en cambio a una relación de pareja “enfermiza y obsesiva”, y descreyendo además de la voz de Mariana reflejada en la única denuncia que ella logró realizar antes de su muerte; así como también culpabilizando a toda su familia (presente en la audiencia), por haberla “dejado sola”. Y hoy fue este mismo Estado, a través fallo dictado por el Juzgado Correccional nro. 5 de La Plata, quien volvió a invisibilizar el contexto de violencia de género en el que vivía Mariana, a través de una sentencia que finalmente terminó por desvincular los hechos de violencia cometidos contra la joven juzgados aquí, aislándolos y simplificándolos.