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Los jueves o los jueces

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La Plata - Viernes 5 de agosto

En marzo de este año el ex presidente de Brasil, Ignacio Lula da Silva, era llevado por la fuerza pública a declarar por una causa de corrupción en Petrobrás. La desproporcionada actitud judicial tenía un solo objetivo: la construcción mediática de un relato que permitiera el avance sobre determinadas conquistas sociales y culturales. La representación mediática y la operación de prensa se jugaba en torno a lograr una imagen que valiera más que mil palabras: la fotografía de un ex presidente “apresado” (aunque no hubiera ningún argumento legal para hacerlo) era una importante victoria en el campo de batalla discursivo donde se legitima la política. La Justicia, la prácticas judiciales, tal como las conocemos ahora en nuestra región, aparecen como herramienta que habilita y hacen posibles las operaciones de prensa, las construcciones mediáticas y el show político en el que se desgrana, se invalida y se destruyen los símbolos, las conquistas sociales y construcciones políticas.

Este jueves, durante la ronda 1999 de las Madres de Plaza de Mayo, por orden del juez federal Marcelo Martínez de Giorgi, el show mediático y político se instaló sobre ese simbólico escenario y la fotografía tan ansiada era la de su presidenta, Hebe de Bonafini, esposada. Como telón de fondo en esta disputa de sentido que se reconoce en diversos hechos (en el desfile de represores, asesinos y conspiradores, en el sobreseimiento para imputados por crímenes de lesa humanidad, en la parálisis de causas por DDHH, en la reivindicación del genocidio, etc.) están las históricas conquistas sociales en torno a las políticas de Verdad, Memoria y Justicia que han resistido y avanzado sobre la impunidad de crímenes de lesa humanidad de la última dictadura cívico-militar, está una Verdad histórica y un consenso social fruto de una larga lucha de la cual, Hebe de Bonafini es, sin dudas, uno de sus máximos símbolos.

Bajo la retórica inhabilitante de los DDHH como “negocio” se impone la pretensión de una reactualizada “Teoría de los dos demonios” en donde toda construcción política o social se iguala hacia abajo tras el signo de la corrupción. Esta retórica se reafirma desde sectores que se enmascaran bajo un doble discurso político de pretendido republicanismo que sin embargo tiene como brazo ejecutor a la Justicia, en un entramado de persecución política que -por citar un ejemplo- ha sido verificado por la ONU, cuyo Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria ha solicitado al Estado argentino explicaciones por la detención de la dirigente social Milagro Sala, quien cumple ya más de 200 días de cárcel sin que se hayan explicitado las razones. Esa misma falsa retórica se adivina en la doble moral de los jueces de Comodoro Py que tanto énfasis le ponen a causas de corrupción de dinero público durante el gobierno anterior -y que deberán ser explicadas ante la sociedad- pero que sin embargo hacen la vista gorda frente a los numerosos hechos de corrupción actuales.

Desde el CIAJ entendemos que son momentos de una dura disputa por el sentido de los DDHH, sus luchas actuales y conquistas históricas y que más allá de las críticas internas que podamos exigir a determinados sectores y personas que han sostenido su defensa, el escenario descrito impone reafirmar nuestro más profundo apoyo a las Madres de Plaza de Mayo y a su presidenta Hebe de Bonafini, entendiendo que tras de sí y de los shows mediáticos-judiciales se avisora la construcción de un paradigma de DDHH completamente alejado de nuestras reinvindicaciones políticas y la Verdad histórica que pudimos conseguir como sociedad.

Foto Facundo Nívolo